La Opinión Popular
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Hay que recuperar el progresismo
Por Luis Alberto Romero - Historiador.
“La detención de José López, resulta un bochorno y una obscenidad para la clase dirigente. Después de esto, creo que no le quedan dudas a nadie de que el kirchnerismo está herido de muerte”. Juan Schiaretti
Nacionales - 08-08-2009 / 10:08
CUMPLE 80 AÑOS EN SEPTIEMBRE Y SOLO DESEA CONOCER A SU DESCENDIENTE ANTES DE MORIR

Carta de una Abuela a su nieto desaparecido

Carta de una Abuela a su nieto desaparecido
La carta de Sonia. Foto Veintitrés
Transcribimos una carta pública que esta semana comenzó a circular por Internet. La autora es Sonia Torres, fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba, quien le escribe a su nieto o nieta al que busca desde el in­vierno de 1976, cuando le avisaron que su hija Silvina -de 21 años y ocho meses de embarazo, cuando la secuestraron- había dado a luz en uno de los centros de detención de la dictadura militar.
Próxima a cumplir 80 años, Sonia escri­bió este mensaje. Es una carta que conmueve y duele. La transcribimos con la esperanza de que llegue a ese nieto o nieta. Y también como un ho­menaje, que entendemos debe ser permanente, a nuestras Abuelas de Plaza de Mayo.
 
 
Querido nieto o nieta. Soy tu abuela Sonia. Hace tanto tiempo que estoy buscándote. Han pasado 33 años sin poder estar a tu lado en los momentos difíciles. Sin tu sonrisa, sin tus caricias.
 
Me imagino encontrar en tu mi­rada el reflejo de tus padres. Silvina y Daniel te pensaron y esperaban tu llegada con mu­cho entusiasmo.
 
Su compromiso con la socie­dad, su solidaridad y un gran amor por vos hi­cieron que buscaran un mundo más justo para recibirte.
 
Anímate a buscarme. Seguro hay muchas preguntas que aletean en tu interior y que juntos podemos responderlas. Mi deseo más grande es poder abrazarte y descubrir juntos el amor que unió a tus padres, Silvina y Da­niel... y que vive en vos y en mí.
 
Este año cumplo 80 años y quiero festejarlos con vos brindando por nuestro reencuentro. Hasta encontrarte, te espero y te pienso.
 
Tu abuela Sonia.
 
 
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26-06-2016 / 09:06
Cristina se convirtió en la jefa de la conspiración. La última carta que publicó confirma todas las sospechas. Con información confusa y cargada de supuestos y miradas ridículamente detectivescas, la ex presidenta de la Nación intenta colocarse en víctima de una persecución por parte del actual gobierno al que asocia a una dictadura porque dice que la democracia de hoy es "de nula intensidad". Inquietante y peligroso.
 
Ella, que fue la jefa del gobierno que más persiguió y atacó a quienes pensaban distinto, ahora que perdió las elecciones en las urnas quiere instalar la idea contraria. Pretende aparecer como perseguida cuando comandó muchos años de persecución. Cristina no es víctima de ningún ataque desde el Estado. En todo caso fue la victimaria de opositores o periodistas independientes mientras tuvo casi la suma del poder público.
 
¿Hay acaso jueces adictos a Macri que tengan puesta la camiseta amarilla como muchos antes se pusieron la camiseta de Justicia Legítima? ¿Es el Congreso una escribanía reducida a la servidumbre sometida a la mayoría del Frente para la Victoria como ocurrió durante gran parte del kirchnerato? ¿Hay un amigopolio de medios de comunicación sostenido con la pauta oficial para hostigar y agredir a todos y todas? ¿Funcionan la AFIP y los servicios de inteligencia como instrumentos de castigo y extorsión hacia argentinos que no comulguen con el actual oficialismo?
 
Todo esto pasó durante el gobierno de Cristina. Nada de esto pasa ahora. Por ahora. Y si llegara a pasar, lo vamos a denunciar como corresponde.
 
Cristina tiene miedo de ir presa. Por eso no le queda otra que fomentar el caos y las protestas salvajes. No puede defenderse en los tribunales y cree que su única salvación es el fracaso de este gobierno.
 
Sueñan con ver a Macri en un helicóptero y repetir la imagen de Fernando de la Rúa. El humor de Rolo Villar otra vez fue la mejor editorial: "Cristina el año pasado no quiso entregar la banda y ahora la banda la va a entregar a ella".

26-06-2016 / 09:06
Como la avalancha de acciones judiciales contra ex funcionarios de los gobiernos kirchneristas toma cada día más volumen y más velocidad, tres influyentes personajes de ese sector político han puesto en marcha lo que parece una complicada estrategia de salvataje.
 
Integran esa "fuerza de tareas" el ex secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini; el ex juez de la Corte, Eugenio Zaffaroni y el periodista y operador político Horacio Verbitsky. Tienen como único objetivo evitar que la ex presidenta Cristina Fernández, vaya presa.
 
En distintos estamentos de la Justicia se asegura que el trío acciona todos los mecanismos que todavía conservan para rodear de impunidad a la ex mandataria, prescindiendo de la suerte de los otros caídos en desgracia. En términos simples, "que los demás se las arreglen como puedan, pero a Cristina hay que salvarla".
 
Para eso, cuentan con el compromiso de un conjunto de secretarios, jueces, fiscales, camaristas y, por cierto, con el aporte ahora más disimulado pero efectivo de la procuradora general, Alejandra Gils Carbó.
 
Esa maraña de investigaciones, imputaciones, procesamientos, detenciones y hasta extradiciones pendientes, aceleradas por jueces que parecen haber despertado de una larga siesta, está teniendo a la vez efectos políticos devastadores: desde la indignada contemplación que hace de los acontecimientos la opinión pública, hasta la sangría que se está produciendo en las organizaciones que hace poco tiempo eran disciplinadas y obedientes en el cumplimiento de las órdenes de la jefa.
 
Debería considerarse, éste, un escenario político ideal para el gobierno de Mauricio Macri porque le permite avanzar sobre un kirchnerismo golpeado en el Congreso y también ganar tiempo con el espectáculo de la corrupción en los medios, hasta conseguir que se produzcan mejoras en la situación económica.
 
Pero tiene como riesgo que se genere una sobrecarga de expectativas en la sociedad para ver en la cárcel a la totalidad de los corruptos, cuando nadie puede asegurar que eso vaya a ocurrir. 

26-06-2016 / 09:06
El gobierno de Mauricio Macri parece un cómodo espectador de una pelea entre sus enemigos comunes y de la que, sin siquiera calzarse un guante, podría resultar beneficiado. Es un cómodo espectador que asiste entre azorado y esperanzado al festival de kirchneristas desfilando por los juzgados ante los ahora veloces magistrados de Comodoro Py.
 
Los funcionarios de Macri muestran las tapas de los diarios y se entusiasman con lo obvio: hace dos semanas que no hay titulares que destaquen los problemas de la inflación, el ajuste de las tarifas, los Panamá Papers, las inconsistencias en algunas declaraciones juradas del gabinete, y los otros temas que sirvieron de argumento para los enemigos que insistían en colgarle a Macri el sayo de que gobierna para los ricos.
 
Hay otra línea, que encarnaría centralmente el ministro de Justicia, Germán Garavano, que sostiene que, si bien los jueces deben investigar, elevar las causas a juicio oral y dictar sentencia, al mismo tiempo expresan una mirada dura sobre esos mismos magistrados que ahora se atropellan por los pasillos de tribunales para ver quien investiga más rápido, mientras durante ocho años estuvieron entregados a una larga siesta. Sostienen que, si tuviesen un poco de dignidad, la mayoría de esos jueces federales deberían presentar sus renuncias.
 
En ese punto, hay un toque de atención, para algunos una verdadera piedra en el zapato, que es Elisa Carrió. La diputada de la Coalición Cívica y auto titulada "garante moral" de Cambiemos le reclama a Macri que el gobierno no baje los brazos y no permita que la ola de investigaciones se caiga, aunque al mismo tiempo habla pestes de todos los jueces por igual.
 
Una tercera mirada que convive con esos dos modos de analizar la realidad judicial del país y el derrumbe sin remedio del kirchnerismo tiene que ver con cuánto le conviene políticamente al Presidente que ese terremoto seguido de un tsunami que se abatió sobre los principales actores del gobierno anterior se precipite tan de golpe.
 
Macri expresaba su gusto particular por un escenario nítido y extendido: tenerla a Cristina Fernández como principal contendiente, con la intención de que esas dos fuerzas fuesen las que se vieran las caras en las legislativas de 2017, cuando un triunfo o una derrota del oficialismo podría marcar el futuro mismo de la coalición. Era una buena forma de asestarle el golpe final en las urnas, y no en los tribunales, a su rival.
 
Un solo dato de la realidad exime de cualquier otro comentario. A seis meses del cambio de mando, no hay casi un juez federal o del fuero penal o económico que no tenga un procesado o un imputado del kirchnerismo. Ahora mismo hay más de 30 ex funcionarios o empresarios amigos del poder que caducó el 10 de diciembre que están llamados a rendir cuentas ante la Justicia.
 
Lo más impactante es que 16 de esos imputados o procesados integraron la primera línea de la administración de los Kirchner en los últimos años. El juez Claudio Bonadío podría agregarle más temprano que tarde a esa encumbrada lista el nombre de Cristina Fernández.

26-06-2016 / 08:06
Desde diciembre de 1983 hasta la fecha la dirigencia política democrática argentina no dejó de empequeñecerse y de encerrarse en sí misma. De élite representativa de toda la población se fue transformando en una casta defensora sólo de ciertos intereses económicos, para devenir finalmente una corporación más, mera representante de los privilegios de sus miembros.
 
En 1983, una ciudadanía movilizada de varios millones de personas, conformaron el gigantesco reservorio desde el cual se fueron recolectando los nuevos cuadros políticos de la democracia recuperada. Nunca, como en aquellos años, hubo un nivel tan alto de politización en la sociedad, pero lamentablemente a los pocos años eso comenzó a disminuir porque las nuevas élites no pudieron dar respuesta plena a los requerimientos sociales y el escepticismo fue cundiendo en la población.
 
Con la crisis de fines de los 80 las grandes corporaciones, contra las cuales el radicalismo y el peronismo renovados venían a imponer el equilibrio del liderazgo democrático, socavaron el piso de la novedad. En los 90 ya no tuvimos más políticos plenos sino, en el mejor de los casos, gerentes o técnicos sin capacidad de liderazgo y, en el peor, testaferros de los intereses económicos.
 
Todo esto terminó con la nueva crisis, la de 2001-2. A partir de entonces, y luego del breve interregno duhaldista que se ocupó de hacer los trabajos sucios, asumió -gracias a él- Néstor Kirchner como Juan Manuel de Rosas con la suma del poder público (pero sin hacer los méritos que hizo Rosas para llegar a ese podio).
 
El kirchnerismo no fue la clase política contra las corporaciones como de algún modo pudo serlo en los 80. Fue la clase política queriendo convertirse en la única corporación con poder, no para representar al interés general sino a los políticos como casta particular que se autonomiza del resto de la sociedad.
 
Quien hoy intenta asumir la conducción de la sociedad es un nuevo experimento en el que en un solo haz tenemos a gerentes, empresarios y políticos reunidos en una constelación precaria pero que alcanzó para ganar las elecciones y que parece ya haber generado cambios muy significativos, sobre todo en el terreno institucional. Hoy nos gobierna una élite que preside un político de origen empresario (que para algunos viene a expiar los pecados de su padre, mientras que para otros viene a representarlos).
 
Son sus ministros muchos gerentes de empresas privadas, y construyen consenso un grupo reciclado de políticos de los viejos partidos. De algún modo se intenta demostrar que la alianza entre empresarios, políticos y gerentes puede ser fructífera. Una nueva ¿santísima? trinidad.
 
No obstante, el proceso democrático de renovación institucional va más allá de lo que ocurre dentro del PRO. Así, muchos de los que se juntaron para derrotar un sistema indefendible, ahora cada uno se va por su lado. Pero eso está bien. Implica que ya no hay hegemonismos ni batallas culturales. Hay disputas políticas que es lo lógico en una república. Ya no somos Dios contra el Diablo. Nadie se puede diferenciar tanto como para creer que representa exactamente lo contrario del otro. 

25-06-2016 / 11:06
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